Hotel bien situado, en el centro de la ciudad, es casi su única ventaja. Las habitaciones son correctas en tamaño, decoración actual, minimalista, no hay cajones ni armarios, y tan minimalista. En concreto mi habitación tenía la puerta del balcón en pésimo estado y no cerraba bien entrando frío y mucho ruido del exterior. Las paredes permitían saber perfectamente de qué hablaba tu vecino, y claro si venía a las 4 am contento, pues también. Las zonas comunes mínimas, recepción y zona de desayuno es compartida. El desayuno un 0, para su precio no pueden ofrecerte bollería industrial barata y embutidos de los de peor calidad (jamón york de sandwich) y muy escaso todo, NO DESAYUNEIS EN EL HOTEL.
El personal de recepción poco amistoso y con pocas ganas de ayudar si pides información útil para la visita, y encima te hacen pagar por adelantado en el checkin, supongo que se les habrá escapado gente de noche.
La azotea muy mona con el jacuzzi, quizás es lo más destacable, ah! acceso a internet gratuito en la recepción/entrada/zona de desayuno. En conclusión optar por otro, este es caro, presuntamente moderno, y en un entorno muy devaluado.
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