Estuve cenando en este restaurante hace poco y la verdad es que estuvo muy bien, aunque un poco caro. Nosotros entramos directamente desde el dry martini, nada de contraseñas y ni puertas secretas. Me acerqué a la barra, dije que tenía una mesa reservada en el Speakeasy (porque sin reserva no entras, estaba lleno) y me dirigieron hacia dentro, a través del almacén y por delante de la cocina. Además puedes ver toda la comida que tienen allí preparada para cocinarla. Cuando llegamos, tenian una montaña de ostras, que era uno de los platos especiales del día.
Nos sentamos y nos pusieron un aperitivo, sin pedirlo. Después nos pedimos de entrantes totitas de camarón y ostras, ya que las habíamos visto y tenían una pinta exquisita. Después yo me pedí un pulpo y mi pareja un solomillo. También estaba delicioso. El solomillo venía tapado y al abrirlo soltó humo, quedó genial el efecto. De postro una fondu de chocolate blanco y tocino de cielo. Todo acompañado de una botella de vino blanco.
La comida está bien, para una cena no te quedas con hambre, pero para comida sería escasa. Ahora bien, todo está riquísimo y es de calidad.
Lo peor el precio, es carísimo. Nosotros pagamos 130€. Me pareció excesivo. Y uno de los platos que ofertaban no lo tenían cuando lo pedimos, un atún con tempura. Lo vimos en la mesa de al lado y ya se le había acabado.
Si teneis dinero para daros un capricho, lo recomiendo.
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