Para ser un hotel de dos estrellas nos sorprendió gratamente.
Teniamos un poco de miedo, por ver lo que nos íbamos a encontrar en un hotel de dos estrellas, pero salimos maravillados.
Es un hotel típico de montaña, de piedra, madera y tejado de pizarra.
El personal muy agradable. La comida muy bien, teniamos media pensión, el desayuno normalito, pequeño bufett y la cena con tres menús para elegir.
Las habitaciones eran un poco pequeñas, la nuestra abuhardillada, pero muy cómoda, las camas estaban muy bien.
Lo peor era que no hay secador de pelo en la habitación, que la televisión solo sintonizaba las cadenas estatales y las catalanas y que la calefaccion funcionó los 4 días a pleno rendimiento y eso que no hacía frío.
