El nombre del establecimiento le viene que ni pintado a este encantador hotel rural. La estancia allí es todo un festival de los sentidos, de aromas, de tacto, de sabores, ... Y gran parte de la calidad de la estancia allí se debe al magnífico trato que se recibe de sus propietarias, Herminia e Inma. Lo he visto en varias opiniones, pero es que es así. Jamás nos habíamos sentido en un establecimiento como si fuera nuestra casa. La decoración del hotel está cuidada al detalle. El lugar es idóneo para realizar rutas y escapadas, como la ruta del Císter, con el monasterio de Vallbona, al lado, o el interesante mausoleo sito en Bellpuig. Además, las indicaciones de las propietarias sobre lo que hacer y dónde comer por la zona, son fabulosas. Es posible visitar una interesante bodega, L'Olivera, en la que hacen un exquisito vino blanco y en el que te muestran un interesante proyecto.
Asimismo, no hay que perderse el poder degustar una cena o comida en el alojamiento. Eso sí, hay que avisar, puesto que el comerdor es reducido y precisamente por ello tiene mucho encanto. La estancia es muy placentera puesto que sólo se escucha el silencio. Las habitaciones están limpias.
En definitiva, un acertado lugar para pasar un fin de semana romántico, una escapada, o simplemente una temporada de relax y desconexión.
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