Después de leer unas cuantas reseñas me he dado cuenta de que es mucho más fácil ser negativo que escribir una crítica constructiva. En estas últimas no puedes usar la burla, la ironía y el sarcasmo, ingredientes que pueden dar mucho juego. Pero cuando un hotel nos gusta realmente, deberíamos dejar de lado la sátira y convertirnos en unos buenos chicos. Para empezar, el Port Sitges Resort goza de una ubicación excelente: desde la ventana de la habitación casi puedes tocar los mástiles de los veleros fondeados en el puerto, lo que de forma ineludible te lleva a tararear el tema de "Si yo fuera rico". Bueno, un poco de estímulo en ese sentido nunca viene mal. En segundo lugar están las vistas al mar, pues no hay mejor decoración que el horizonte infinito. Y por último, pero no menos importante, está la habitación en sí misma, que en realidad es un pequeño apartamento decorado con estilo y buen gusto. La pequeña cocina puede sacar de un apuro a todos aquellos que, como nosotros, llegamos hasta allí en un destartalado utilitario y no en un yate. El baño es espacioso y la cama de matrimonio es realmente apropiada para quienes no se conforman simplemente con dormir. Y en cuanto a las puertas del armario frente a la cama, que en realidad son espejos.... ¿qué puedo decir? Sencillamente genial.
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