El hotel es inmenso y las vistas (tanto a los jardines como al mar) son impresionantes. Estuvimos un fin de semana de Octubre y la verdad es que estaba todo muy tranquilo, se notaba la temporada baja porque desde la habitación, y con el balcón abierto, no se oía más que las hojas de una palmera moverse con el viento. Fue MUY agradable, como estar solos. Pedí un detalle para mi chico: una botella de champagne y fresas con chocolate, y lo prepararon todo mientras estábamos cenando fuera. Al volver lo teníamos todo allí preparado y fresquito, con una tarjeta impresa que pude personalizar a través de e-mail con la ayuda del departamento de Reservas. Los únicos peros fueron: el spa, una piscina de agua más bien fresca y junto a ésta un jacuzzi lleno de gente, para el que había que hacer cola. Al lado de los vestuarios había sauna, pero estaba igualmente llena y no pudimos probarla (hacía frío para esperar de pie). No nos gustó tampoco que al volver del spa estuvieran limpiándonos la habitación, y era media tarde/noche... Un 10 para Recepción, que nos gestionó el taxi y la reserva en el restaurante en el centro de Sitges. Sin duda, nos encantaría volver.
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