El PN de Santiago, aparte de ser el hotel más antiguo del mundo, es un auténtico museo que no puede perderse quién visite Santiago. Aunque no se esté alojado, se puede visitar porque vi a un sr pagando 3 euros, mejor preguntar en conserjería.
Y si se está alojado, pues mejor, porque atravesar pasillos y claustros repletos de objetos antiguos de todo tipo como tallas, baúles, cuadros, braseros, butacas, mesas…en busca de tu habitación es una auténtica gozada.
A pesar de las mullidas alfombras que cubren los pasillos, el suelo de madera cruje bajo tus pies y tienes la sensación de estar metido de lleno en otra época. Hay decenas de sitios donde sentarse, contemplar el lugar y simplemente desconectar. Casi nunca nos cruzamos con nadie. Silencio. Preparar las cámaras, porque haréis posiblemente más fotos de las que creeríais posibles en un hotel. Pero lo mejor, el silencio y la paz de los claustros, donde sólo se escucha el sonido de las fuentes. Vamos, una tranquilidad que ya la querría la ruidosa catedral!
La habitación, del mismo estilo, no decepciona si uno sabe a dónde va, a dormir en un museo! El cuarto de baño es lo más “nuevo”, con toallas enormes por cierto. Las camas súper cómodas, de lo mejor que me he encontrado nunca. Por la noche te preparan la habitación para dormir y te dejan un bomboncito en la almohada, eso nos hizo mucha gracia.
Las únicas pegas, que no hay más que un enchufe en toda la habitación (el de la lámpara de pie), que los jabones del baño son de vino, un tanto demasiado peculiares…y que se oye siempre el rumor de fondo como de un aparato de aire o un motor (supongo por la cercanía a nuestra zona de las cocinas). Yo lo notaba, pero por ejemplo mi acompañante no, así que puede que vosotros tampoco!
El desayuno buffet, de escándalo de bueno! La comida tiene mucha calidad y los productos son de la tierra. Contiene todos los tópicos de un buffet de desayunos, y mucho más, pero con un toque distinto. Por ejemplo, la repostería esta hecha en el mismo parador y se te hace la boca agua sólo de verla.
La sala es una de las estancias que dan directamente a la plaza del Obradoiro, así que seguimos dentro de las paredes de piedra y la estética medieval, aderezadas por suave música celta que hace que incluso te metas más en situación.
El personal del hotel, muy agradable y educado, sobretodo las camareras de habitaciones y la que nos atendía en los desayunos, que fueron con las que más trato tuvimos.
Adjunto fotos, como siempre, aunque no tantas como me gustaría!
- Parador De Santiago
- Parador Santiago
