No es ninguna ganga, pero está ubicado en el mismísimo corazón del casco histórico, a dos pasos de la Catedral y de tropecientos restaurantes y bares y comercios varios. Más céntrico imposible.
El hotel mismo es acogedor, limpísimo, moderno y funcional. Las habitaciones individuales abuhardilladas son un poco pequeñas - hay que reservar directamente una doble para uso individual, o mejor una superior que viene con sofá.
Los baños son grandes y bien equipados, las camas grandes y cómodas, y hay cajafuerte y minibar.
El servicio de recepción es simpatiquísimo y eficaz. Incluso, si te has dejado el portátil en casa, te prestan uno suyo para llevar a la habitación y arreglar tus e-mails. Ningún maquinazo, pero para ésto vale.
El desayuno lo sirven más o menos a la hora que quieras, en la habitación o en el salón, y tambien hay una pequeña barra, por si un día prefieras el ambiente tranquilo y familiar de este oásis al bullicio de los muchísimos bares cercanos.
Lo único que no tienen es restaurante, pero con tantísimos que hay a dos pasos no hace falta.
Total, un hotel en el que me hubiera gustado quedarme unos días más.
- Rua Villar Hotel
