No hay que olvidar que es un dos estrellas. Por un precio difícil de encontrar en Pamplona, ni siquiera en las afueras, te ofrecen una habitación pequeña, aparcamiento y wifi. Se tarda entre 10 y 15 minutos en ir a la parte antigua subiendo por los ascensores, y un poco más si se va paseando.
La zona es muy tranquila. La habitación era poco espaciosa, armario pequeño, no tenía bidé ni secador, y los colchones eran un poco duros, pero todo estaba limpio y no había mucho ruido, aunque en frente hay un colegio que es posible que a diario sí que genere algún decibelio de más. El personal es muy amable y el desayuno por 6 € más IVA solo es recomendable para quien se quiera llenar de comer para ahorrarse la comida o quien quiera hacer ejercicio después. Es mejor desayunar en la propia cafetería, donde por 4.50 € te tomas un café más rico, una tostada con tomate y un zumo de naranja natural.
Hay dos aspectos prácticos a tener en cuenta, uno es que al llegar al hotel hay que entrar por la calle de al lado, Don Bernardino Tirapu, dejar el coche en alguna de las tres o cuatro plazas que tienen reservadas y desde allí se va a recepción y ya te indican dónde meter el coche, que está justo al lado de las plazas. No pretendáis parar en la puerta del hotel, porque no se puede, ya que hay una mediana y bolardos, e impediríais el paso a otros vehículos. Otro punto importante es que en la misma manzana hay una tienda china muy grande donde podéis encontrar cualquier cosa que necesitéis a cualquier hora, incluso de madrugada, y además tienen comida.
En fin, no es un sitio para sorprender a la pareja y pasar una noche romántica, pero sí un buen sitio para descansar y que te permite poder gastar lo ahorrado en el alojamiento en pinchos en la parte vieja de Pamplona.
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