Estuve en este hotel en Septiembre con una amiga, y tuvimos mucha suerte.
La señora que nos recibió fue encantadora en todo momento de nuestra estancia, era la que nos preparaba el desayuno, un desayuno al que no le faltaba de nada y para el que tuvo siempre muy presente nuestras preferencias, ni un sólo día se olvidó de mi café con leche de soja.
En el momento de la llegada nos atendieron de maravilla, nos explicaron todo lo necesario y nos dieron un número de teléfono para cualquier problema.
Las habitaciones son muy bonitas y muy limpias. Además cuentan con aire acondicionado, lo cual, en septiembre, en Roma, se agradece muchísimo.
En cuanto a la situación, está un poco lejos del centro histórico, pero con un bus llegas enseguida. El barrio en el que está es muy tranquilo, por lo que se duerme de maravilla. Además encontramos un restaurante que, aún encima de barato, era buenísimo y una heladería de las mejores al lado.
Nuestra experiencia no pudo ser mejor, nos sentimos como en casa.
