Fuimos el puente de la Inmaculada 09. Hab 510. En general, estamos muy contentos del hotel, y después de leer críticas de otros, este nos ha convencido totalmente. En la entrada hay unos salones muy acogedores con bonitos muebles y telas, estilo clásico. Personal excelente, siempre dispuestos a ayudarte en todo y con una gran sonrisa, sobre todo Salvatore, responsable del restaurante de la terraza, que se deshizo con nosotros para conseguirnos un buen restaurante, y para cualquier duda o consulta sobre la ciudad. Nuestra habitación estaba bien, forrada de tela aboatada en las paredes, con una decoración clásica. Las camas comodas, sábanas limpias a diario, y dos buenos armarios con cajones que cabia de todo. TV de plasma con canal TVE y minibar. Tiene habitaciones para fumadores. Amplia ventana, aunque daba a un patio interior sin ningún tipo de vista, pero ni nos importó, sólo ibamos a dormir. El baño completo, con bañera y ventana al exterior. Amplio, cambio de toallas a diario, y bien de accesorios. Todo limpísimo, tanto baño como habitación.
El desayuno muy completo, panes, bollería, fiambre, quesos, huevos revueltos, bacon, etc. Café típico de hotel, aunque nada especial. Todo muy bien, excepto los zumos, que eran malos malos, de polvos. Les comentamos que lo debían cambiar, y si no los ponen naturales, que busquen una marca mejos, porque para nuestro gusto eran imbebibles. Preciosas vistas a la ciudad, una gran terraza que en verano se debe estar genial, pero era diciembre, y de noche hacia frio, aunque tuvimos muy buen durante todo el viaje. La ubicación: está un poco lejos del centro. Para llegar al metro de República estás entre 5-10 minutos andando, eso depende de cada uno. Lo malo era a la vuelta, que tienes ganas de llegar y descansar y se hace algo pesado (siempre te puedes coger un taxi), pero la verdad, es lo de menos. También lo recomendamos para cenar algo ligero, pero si no os da pereza salir, tenéis un par de restaurantes al lado muy recomendables: Lampada y el Pentolaccia, excelentes en todos los aspectos. Y, como he dicho, hablar con Salvatore, en el restaurante de la terraza. Suele estar por las tardes. Sólo por él ya vale todo. Si volvemos repetiriamos sin dudarlo, y más ahora que ya sabemos cómo movernos por la ciudad.
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