Acabamos de regresar de un "finde" en Roma. Nos alojamos en éste hotel porque venía incluido en el paquete que contratamos. Sin duda, lo mejor del hotel es la cercanía a la estación Termini (justo a la espalda del hotel). En esta estación puedes tomar el metro y plantarte en un salto en cualquier monumento que quieras visitar. El hotel es pequeño, más pequeño de lo que pensaba. La recepción es bonita y acogedora, con decoración navideña y todo. El servicio y la gente, en general, es muy amable. Sin duda se esfuerzan por entenderte y ser entendidos. Además, la mayoría de los huéspedes eran españoles... casi como estar en casa. Nosotros teníamos contratado el desayuno, que se servía en un pequeño comedor. Para el que piense en "ponerse púo" durante el desayuno, mejor que compre algo de comer. El "desayuno continental" consistía en pan con mantequilla, cereales, café, zumo y bollería empaquetada. Lo mínimo que se despacha. Las habitaciones, grandes, lo que se dice grandes, como que no. Tampoco podían correr caballos en el baño. Lo peor era el olor a apulgarado al entrar. Las habitaciones tienen las paredes tapizadas con telas del año de la polca y la moqueta es fea "para perro". Pero, si no miras las manchas de humedad de la pared, están limpias. Por supuesto que había televisión, pero con 4 canales sintonizados (en inglés y alemán). Si no tienes mando a distancia en la habitación, pídelo en recepción. ¡Ah, se me olvidaba! Si vas en grupo, olvídate de subir a las habitaciones juntos: sólo caben 3 personas en el ascensor.
Conclusión: Bien comunicado, barato, habitaciones pequeñas y feas pero limpias, servicio amable y desayuno escueto. Si lo que quieres es un hotel barato y bien situado para dormir después de pasarte el día de turismo, el Quisisana no estás muy mal del todo.
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