El personal de recepción no sólo es encantador y amable, sino que además se brinda a ayudarte personalmente en cuanto puede; en nuestro caso se ofrecieron a ponerle el ticket de la hora al coche (6 € al día) a diario para que no tuviéramos que llevarlo a un garaje (15€ al día). Las habitaciones son muy confortables, con un aire acondicionado fantástico, lo que nos permitió sobrevivir en plena canícula de este año; hemos ido también en invierno y la bomba de calor funciona igualmente bien.
Se encuentra situado en un barrio muy romano, no invadido de turistas, y por tanto con todo tipo de establecimientos de restauración muy próximos (especialmente buenos) que ofrecen posibilidades para todos los bolsillos, desde el caro pero excelente restaurante sardo de la misma calle, al lado del hotel, a nuestro preferido Terno Secco en Via Andrea Doria 16, cuyos antipasti realmente son fabulosos y su vino frizzante (espumoso) blanco es fantástico, todo ello por un precio más que razonable.
A diez minutos de los museos vaticanos, y por ende de Piazza San Pietro, el metro pasa por vía Agusta, también muy cerca, y te conecta con el resto de la ciudad. Para quienes os guste caminar como a nosotros, en 45 minutos estás en el centro habiendo recorrido lugares fabulosos de Roma. En fin, espléndidamente situado.
Lo que se puede mejorar, pero es algo que sucede en toda Italia, es el desayuno. Nada que ver con los desayunos de hoteles de categoría semejante en Alemania, Austria, Inglaterra o Chequia, que son los que hemos visitado recientmente; pero a cambio de eso el café te lo hacen in situ y siempre se puede pedir con antelación lo que se quiere para el día siguiente.
En definitiva, es nuestro hotel para viajes de trabajo o de puro placer a Roma. Lo recomendamos vivamente en especial a quienes no quieran cambiar calidad calidad y comodidad a cambio de estar más cerca del centro y padecer el stress del turismo masivo.
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