Hotel situado en pleno centro de Roma. A un paso de la estación central de Roma (Termini), y muy cerca de la Piazza de España y de la Vía del Corso. Prácticamente puedes ir andando a cualquier parte de la ciudad. De todos modos, tiene una boca de metro a dos minutos del hotel, en la Plaza Barberini.
En cuanto al Hotel, las habitaciones son de varios tamaños, pero la mayoría son de unas dimensiones medianas, aunque un poco antiguas y algunas con necesidad de mejoras.
Nosotros tuvimos un problema porque el retrete no tragaba bien, y parecía que tenía un atasco. A mitad de nuestra estancia, empezó a salirse el agua al tirar de la cadena. Avisamos en recepción, y nos dieron inmediatamente una habitación en el piso superior, mucho mejor, más amplia, y con unas vistas excelentes al Palacio Barberini.
La decoración del hotel es un poco antigua, con tapices, cuadros antiguos, y muebles de época. Lo peor quizás sea que la estructura del hotel necesita cierta reforma (sobre todo en el tema de las humedades).
Los desayunos no están del todo mal; hay de todo: bollos italianos muy ricos, salchichas, huevos, cereales, yogures, fruta, café, chocolate, infusiones, zumos... El problema de los desayunos es que hay pocas mesas y espacio para la cantidad de gente que se aloja en el hotel, por lo que puede ser difícil encontrar sitio para desayunar cómodamente.
Es un hotel sin muchas pretensiones, pero para estar donde está situado, es muy barato. Muy recomendable.
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