El hotel está situado en un barrio muy tranquilo del oeste de Roma, a unos 500 metros de la estación de metro de Cornelia. Desde luego NO está cerca de San Pedro, como dice en su página web, pero tiene buenas conexiones por bus y metro, también con buena frecuencia.
Nuestra habitación doble estaba limpia y la decoración era relativamente nueva. Había restos de moho en el baño, porque estaba muy mal ventilado. La barra del armario estaba rota y había pocas perchas.
El último día sufrimos falta de agua caliente, porque dos autobuses de turistas españoles se marcharon por la mañana temprano y todos los pasajeros se ducharon a la vez, cosa que no debería haber pasado en un hotel de tres estrellas: conozco albergues juveniles que se las apañan mejor. El desayuno es sencillo, pero por encima de la media en Italia, y el personal es amable y atento. Las toallas se cambian todos los días y cuando volvíamos de la ciudad siempre encontrábamos la habitación bien arreglada y ordenada.
En el minibar hay refrescos, cerveza Peroni (italiana) y dos variedades de vino a precios muy razonables. La tele por satélite tiene la RAI 1, 2 y 3, todos canales de Berlusconi–Mediasat, TVE1 (española), BBC World y Sat 1 (alemana).
El restaurante estaba cerrado mientras estuvimos allí, así que no pudimos echarle un ojo. No vayáis al “Bar Gregory”, que está justo cruzando la calle: no tienen lista de precios y da la impresión de que a los turistas les cobran el doble. En la calle Boccea, cerca del hotel, hay supermercados, bares y pizzerías donde venden comida para llevar.
Es posible que haya mejores hoteles de tres estrellas en Roma, pero este tiene algunas ventajas, como que la zona es tranquila, el aparcamiento gratuito, un desayuno relativamente abundante y precios razonables (los precios oficiales rondan los 150 € por noche, pero la mayoría paga menos de 100 € por habitación reservando con antelación).