El B&B Pepita fue el lugar perfecto para nuestra estancia en Roma a un precio asequible. La localización, al lado de Términi, nos comunicaba con toda la ciudad gracias a que de allí salen muchos autobuses y las dos líneas de metro que existen.
El B&B se encuentra en una calle tranquila, con varios lugares muy buenos para comer, y el edificio es bastante viejo. Sin embargo, al entrar vemos todo reformado y muy bonito.
El B&B Pepita tiene 3 habitaciones más la parte en la que vive su dueña, Antonella, quien se portó maravillosamente, y además sabe hablar español, lo cual fue muy útil. Es una persona atenta y muy agradable, el primer día nos llevó un zumo a la habitación para beber y mucha información sobre Roma, incluso una guía, y varios mapas; y el último nos dejó guardar las maletas a pesar de que ya no íbamos a dormir esa noche allí. Cualquier duda que tengas ella la intentará solucionar.
La habitación que nos tocó (éramos dos personas para ella) era muy grande, con una cama de matrimonio muy bonita, una cama individual y un sofá-cama. Después un tocador con espejo y una mesa bastante con un par de sillas. El precio de las habitaciones creo que es el mismo para todas, así que es una solución muy económica para quien viaje en familia también. El baño se encontraba fuera, justo al lado de la puerta de la habitación, y era privado. Además teníamos un biombo de mimbre para tener más intimidad en el camino entre nuestra habitación y el baño (que es un metro).
El baño es grande, con una ducha al fondo, pileta, WC y bidé.
Las toallas las cambió el día que limpió nuestra habitación y el baño, (4 días después de nuestra llegada), pero nos dio la opción de que si queríamos podía darnos toallas cuando quisiéramos.
Además de la habitación, podíamos estar en la salita que también es el comedor. Allí podíamos conectarnos a internet, escuchar música o leer libros. Y por las mañanas era allí donde desayunábamos. El desayuno era muy completo. Nos daba a elegir entre café, café con cereales (una especie del "Eco" de españa), té de varios tipos y cacao. Después a cada uno nos ponía tostadas, mantequilla y mermelada, 3 o 4 pastas y algún producto de bollería, por ejemplo un donut grande, una magdalena, un pan de leche o un croissant. También zumos a elegir (manzana, melocotón, naranja...) y un yogur para cada uno.
Todo eso en cada desayuno, por lo tanto nos pareció bastante completo.
Nosotros estuvimos en total 6 noches allí y la verdad es que nos encantó, y repetiríamos sin duda. Nos quedamos muy contentos tanto con el lugar en sí como con Antonella (¡muchas gracias por todo!).
