habitaciones con todas las comodidades, limpia, caja fuerte, cuartos de baño bien equipados... el desayuno puedes tomarlo en la habitación o en una paqueña sala donde hay unas mesitas (el primer día no sabíamos nada y el chico se nos metió en la habitación con el desayuno y me sorprendió literalmente durmiendo). No me termina de gustar el hecho de que hay que avisar por la noche a la hora exacta que quieres el desayuno el día siguiente, pues pueden surgir imprevistos y se leventa uno con mucha presión... La habitación tenía un pequeño mini-bar cuyos precios no eran elevados teniendo en cuenta los precios de Roma. Los chicos de la recepción agradables, aunque un poco complicado comunicarse con ellos. En los 5 días que estuvimos, conocimos a tres recepcionistas, uno de ellos, muy eficiente. Los otros dos (un chico y una chica muy jóvenes, con pinta de estudiantes) un poco torpes. Una de ella de hecho acababa de empezar a trabajar allí y la pobre no tenía ni idea de nada... con ellos dos tuvimos unas cuantas anécdotas bastante graciosas que no cuento para no extenderme mucho más.
Lo mejor: las habitaciones y la tranquilidad para dormir.
