Hemos pasado la Semana Santa en este hotel, visitando Roma. Las ventajas son que está muy bien comunicado, muy cerca de Termini, en la Plaza de Santa María Maggiore y que nadie controla tus horarios de entrada y salida. Con baño propio en las habitaciones. Los inconvenientes son que no hay recepcionista en ningún momento ni nadie a quién poder dirigirse en caso de duda, sólo de forma telefónica. La limpieza deja un poco que desear ya que no nos han camibiado las toallas en ningún momento en los cuatro días, simplemente nos hacían la cama... Por la mañana sale muy poca agua de la ducha y mientras que los vecinos de habitación se duchan, no hay presión. Las paredes son de papel, se escucha todo. Las ventanas dan a un andamio, aunque no se ve el exterior por las contraventanas de madera que no se abren. El desayuno es en la cafetería que está en la calle junto al portal, un bollo y un café sin opción a comer o tomar nada más. Hay que pagar por adelantado según llegas al hotel y en efectivo, no tienen lector de tarjetas.
La estancia ha sido aceptable en nuestro caso porque hemos pasado el mínimo tiempo en la habitación y es agradable levantarse con el sonido de las campanas de Santa María Maggiore pero cuando vlvamos buscaremos otro hotel.
