Nos quedamos 9 noches en el hotel. Ya habíamos estado anteriormente y volvimos a elegirlo por la ubicación y porque conocíamos ya que era un lugar de calidad.
Está situado en via Fabio Filzi, zona de la estación central, que queda a poco menos de cinco minutos a pie. Desde allí se pueden coger todos los servicios de transporte público de Milán a cualquier zona de la ciudad, así como trenes hacia prácticamente toda Italia.
Por desgracia, no es una zona comercial y los supermercados quedan lejos, así como los mejores sitios para comer. Con transporte público uno se mueve con facilidad, pero hay que tener en cuenta que a pie poco hay que ver desde allí.
Éramos cuatro, y la habitación que nos dieron —piso dieciséis— tenía unas vistas maravillosas del "skyline" (adjunto foto) desde el atardecer hasta el amanecer. Las camas eran dos twin pegadas y un sofá cama para dos.
Había un pequeño fregadero en una minicocina (sin fuegos), una mesa y suficientes encimeras para poner cosas. El armario se quedaba chico para cuatro personas, y tuvimos que pedir perchas, que nos dieron sin ningún problema. Es de agradecer que fueran perchas de verdad, y no las típicas que se quitan a medias.
La calefacción hacía la habitación muy acogedora, aunque el servicio tenía la manía de dejarlo conectado al mínimo de temperatura y de potencia aunque lo hubieras dejado apagado. En invierno se nota mucho, y podrías llegar a pasar calor nada más entrar a la habitación por la diferencia de temperatura. En el hotel se está bien en camisa, aunque en recepción se mete algo de fresco por la gente que entra y sale.
El baño está muy bien. Amplio, con secador y un radiador para poner la toalla (un gustazo cuando hace frío... secarse con una toalla caliente). La ducha, sin embargo, es fija; así que hay que abrirla un poquito antes de meterse para no congelarse.
El interior del hotel es muy bonito. Las paredes tienen placas de madera y moqueta verde. La sala del desayuno es amplia, y si no quedan sitios, habilitan otra en la que se está incluso mejor que en la principal. Hay mucha variedad: fruta fresca, bollería, temas más pesados (revuelto de huevos, salchicas y bacon) y la siempre clásica Nutella. También hay mucha variedad de mermeladas. Hacia el final del desayuno siempre solía haber escasez de croissants, que eran buenísimos. Había a la nutella, mermelada, crema y vacíos. Geniales. El café no era malo, pero tampoco era un café italiano típico y sabroso.
El servicio en el desayuno era bueno. Los camareros cordiales, siempre saludaban y te traían café y leche para servirte, si lo pedías.
Había una promoción que daba internet gratuito a los clientes que habían reservado directamente con la web de ellos —los precios eran muy altos—, y al haber hecho la reserva por teléfono, preguntamos al recepcionista si nos dejaría a nosotros también la oferta. Nos comentó que por supuesto (y añadió que a más razón, que nosotros habíamos llamado directamente), y lo hizo sin ningún problema. El recepcionista en cuestión, un chico joven con gafas de pasta negras, creo que Francesco o Federico, fue muy amable con nosotros. El acceso duraba 24h.
Los otros recepcionistas, otros días, nos comentaron que teníamos que haber reservado vía web, pero al exponerle lo ocurrido el primer día con el otro recepcionsita, nos dejaban la clave y el usuario wifi sin problemas. Sólo en una ocasión parece que una recepcionista desconfió y me buscó en el archivo donde tenían las copias de las hojas que te dejaban con la información. Por otra parte, no hubo problema con ellos. El servicio era bueno. También enviamos un par de postales desde el hotel.
El único problema durante la estancia fue que el servicio de limpieza no fue tan adecuado como habríamos querido. Eramos cuatro, y no nos dejaban 4 sets de toallas sino dos. Personalmente, no lo encuentro un problema, pero uno de las personas que me acompañaban sí. Pedimos varias veces en recepción más toallas y nos dejaron sin problema, aunque durante un par de días el problema se repitió.
La habitación se limpiaba bastante por encima, y había polvo sobre la mesa de noche. Dos o tres días volvimos al hotel después de almorzar, sobre las 4 de la tarde, y la habitación todavía no estaba hecha.
También tuvimos un problema con la tarjeta, cuyos datos te piden para hacer la reserva, supuestamente. Sin autorización, hicieron un cargo de preautorización que acabó por bloquearnos la cuenta temporalmente, al no tener esos movimientos previstos.
Lógicamente, fuimos a quejarnos y tuvimos la suerte de encontrar a nuestro conocido recepcionista del primer día (¿Federico?) que nos resolvió el problema pidiendo disculpas por lo de la tarjeta, también por lo de la limpieza y nos invitó a unos aperitivos en el bar (aperitivos a la italiana, es decir, lo que aquí serían cocktails o alcohólicos de este estilo). Muy amable este chico, servicial y buen profesional.
En el bar, que no era barato, el servicio fue también muy bueno. Pedimos los aperitivos y nos trajeron frutos secos y galletitas saladas para picar. El barman tuvo un ligero ataque de tos mientras nos servía, por lo que nos pidió disculpas varias veces y nos trajo más frutos secos y algo de chocolate negro. No escatimaban en cantidades, y podríamos haber cenado con aquello. Recuerdo que se llamaba Constantino, muy bien por su parte.
Al día siguiente de hablar en recepción, la habitación estaba impoluta. Eso sí fue efectividad.
Lo recomendaría, y volvería por tercera vez al hotel.
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