Estoy de acuerdo con la mayoría de las opiniones expresadas sobre este hotel: un pasado glorioso, un bello edificio, buena ubicación, pero requiere una reforma total.
La habitación que nos tocó, en el primer piso, delante de la Estación Central, era bastante grande pero anticuada y mal mantenida: la moqueta relativamente nueva perlo gastada en muchos rincones, las cortinas medio rotas, el mobiliario escaso y sin gracia. Pero lo peor era el baño: sanitarios demasiado antiguos (y gastados), humedades en las paredes, y en fin, todo de un aspecto tristón y alicaído en general.
Los salones y espacios públicos tampoco eran mucho mejores: bonito el Baboon Bar, pero sin ningún o poco ambiente; el restaurante sirve un desayuno-buffet correcto, con productos de calidad pero poco variados.
En cambio, y me extraña alguna de las críticas leías al respecto, el personal nos pareció muy eficiente, discreto, atento, tanto en recepción como en bar y restaurante. También como positivo, destacar que la habitación era muy silenciosa y no molestaban ni el tráfico exterior ni ruidos interiores.
Pero por lo demás y en general, el hotel no nos gustó y no lo recomendamos en absoluto. Starwood debe cerrar este establecimiento y invertir el dinero suficiente para que vuelva a merecer la categoría que dicen que tiene.
(una noche fuimos a tomar una copa al vecino Principe de Savoia: otro mundo, nada que ver, lujazo total)
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