Nosotros, mi esposa y yo, vinimos al hotel en taxi desde el aeropuerto a las 21.00, llovía. El conductor sacó nuestras dos maletas, entré en el hotel para poner mi bolsa de la computadora dentro, entonces no vi a nadie moverse. Volví al coche por mi equipaje, el conductor me preguntó si alguien podría ayudarme, dije: quizá nadie. A mitad de camino de la entrada, el hombre del hotel decidió ayudarme, vale, pensé que había sido un malentendido. Entonces nos condujeron a nuestra habitación especial (muy buena). A las 21.15 vinimos el restaurante del hotel y pedimos una mesa, estamos completos hasta las 22.00: fue la respuesta. Entonces pedí en la recepción que me recomendaran un restaurante en la zona. Llamaron en alguna parte, anotaron la información y me dijeron que era uno de los mejores restaurantes de Milán - Da Giacomo -. A las 21.30 nos sentamos en el taxi, después de un viaje no muy rápido, por 20 euros, llegamos a Da Giacomo a las 21.45. Sí, estaba realmente hambriento, pero había una muchedumbre en la entrada. Mi reserva no era la clave. Había una cola de dos grupas antes que nosotros. Vale, realmente no estoy acostumbrado a estar esperando a menudo en una cola a los restaurantes, especialmente en Milán. Era divertido, al principio. Realmente no estaba mal, porque había un cesto de frutos secos - pienso que para los que esperan-. Pero el tiempo iba pasando y estábamos esperando 10, 15, 20, 25, 30, 35, 40 minutos. Solo parados con nuestras capas en mano. ¡A las 22.30 le dije a mi esposa que ésto era lo último! Nadie se apesaró a pedirnos disculpas en Da Giacomo cuando pregunté para que era lo de la reserva. Entonces tuvimos que caminar 15 minutos bajo la lluvia, no había ni un taxi. A las 23.00 volvimos al hotel en taxi, pagamos 10 euros. ¡No puediron decirme qué clase de reserva era, sólo me dijeron que era uno de los mejores restaurantes!
Por ultimo, el único enchufe adaptador eléctrico de la habitación estaba roto. ¡Lo cambiaron muy rápidamente! No sé qué pensar de él, piénsalo tu mismo.