Nos hospedamos tres noches en las “dependencias” del hotel American Dinesen, un edificio anexo al hotel que tiene tres apartamentos reciclados recientemente. Éramos cinco –el matrimonio y tres hijos de 14, 5 y 2 años- y habíamos reservado uno de los dúplex que dan a la calle. Fuimos beneficiados por un up grade inesperado y el hotel nos habilitó dos de los tres dormitorios del apartamento grande, (además de la cocina comedor). Cada dormitorio tenía su propio baño privado, su propia tv, su propio equipamiento: cómodos y privados. Contábamos hasta con un patio de uso propio. El apartamento está puesto a nuevo, el equipamiento es completo y moderno, la decoración y los muebles, sencillos pero agradables. Tuvimos algún problema con el agua caliente en uno de los baños (se apagó la caldera o algo así), que el hotel nos resolvió con diligencia.
El hotel está ubicado en una zona deliciosa, Dorsoduro, un barrio tranquilo, fuera del mainstream turístico de los visitantes de un solo día, muy cerca de la Accademia y del Peggy Guggenheim, en una zona de galerías de arte, vecino de la punta de la Dogana, cuyas vistas al crepúsculo son únicas. A doscientos metros a la derecha está el Gran Canal y el vaporetto (si se quiere); a doscientos metros a la izquierda el amplísimo canal Giudecca y una calle larga que lo orilla –una “fondamenta”- llamada Zattere. En la parada de Zattere nos dejó el barco a la llegada del aeropuerto. (Volvería a Venecia sólo para pasear por Zattere y sentarme a tomar algo en la vereda de algún bar).
Un aviso: los apartamentos no cuentan con desayuno ni con limpieza de la vajilla (si, obviamente, con limpieza general) lo cual es un fastidio porque no es divertido lavar platos en vacaciones. El único problema derivado de esta experiencia de “vivir en Venecia” –ninguna responsabilidad del hotel- fue el maltrato que recibimos en el supermercado por parte de todos: cajera, empleados, clientes; los venecianos parecen aborrecer a los turistas que cruzan detrás de la escena hacia sus vidas cotidianas. La pasamos mal en el Billa.
El personal es cortés y correcto pero no amable; por ejemplo, no me hubiera atrevido a salirme de libreto con el gerente de la mañana.
En general, el American Dinesen fue una muy grata experiencia, superlativa si se piensa en un tres estrellas.
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