La primera vez que estuve en este hotel fue en el 2006, gracias a que me tocó un viaje de fin de semana a Venecia gratis con todo lujo de detalles (hotel, paseo en góndola, cena en un buen restaurante incluida, etc). Esta primera vez el hotel estuvo genial, estaba muy lleno y nos dieron una habitación espectacular, en la segunda planta y en la esquina derecha. Con unas vistas increíbles, veíamos el Gran Canal, y el paseo que va a la Plaza San Marco, que está a unos escasos minutos (ubicación del hotel muy buena). El trato en recepción buenísimo, con un señor calvo bastante agradable y servicial, siempre atento a cualquier detalle). El desayuno buenísimo, muy variado y dentro del mismo hotel.
Sobre las habitaciones, la primera vez que fuimos nos tocó una muy buena como ya he comentado, las camas muy cómodas, las almohadas también, y bastante espaciosa. El baño perfecto, con una ducha de hidromasaje aunque algo pequeña, sólo cabía una persona y aun así era incómoda porque casi no te podías mover, pero bien en general. Muy limpias, siempre te encontrabas a alguna limpiadora revisando la habitación y cambiando toallas.
La segunda vez, como nos gustó tanto, repetimos, en el 2011, y fue el horror. Nada más llegar estuvimos 10 minutos en la puerta para que nos abrieran, porque tenían las puertas cerradas. Estaban haciendo remodelaciones y pintando y el hotel parecía que estaba cerrado (un hotel fantasma). En recepción nos atendió al llegar un señor muy borde que nos decía sin mirarnos que no le aparecía ninguna reservación a nuestro nombre (en fin, un lío de mil demonios). Al decir que iba a reclamar e iba a llamar a la policía, se calmó y nos dio una habitación que era pequeñísima y la única vista que tenía era la del canal de los canabinieri. Llamamos inmediatamente a la agencia, sin deshacer la maleta, y lo solucionaron al día siguiente (curiosamente nos llamó a la habitación el señor calvo del año pasado que era más simpático y estuvo hablando con nosotros), así que asunto aclarado.
Cuando entramos en el baño nos dimos cuenta que la cabina hidromasaje perdía agua por abajo, por donde está la silicona, así que teníamos que poner una toalla al ducharnos. Y en esta ocasión, el desayuno buffet estaba casi fuera del hotel, se accedía por dentro, pero tenías que salir a un patio al aire libre en pleno enero y después entrar como en una especie de casona. Esta vez era peor, muy repetitivo y como las únicas habitaciones ocupadas en el hotel eran dos incluidas las nuestras, pues creo que no se esmeraban mucho en cambiar, aunque los buffetes son así casi siempre.
Lo peor fue el recepcionista borde, que estuvo 5 días de los 7 de nuestra estancia en recepción, ufff, qué horror. Tratar con él era imposible.
Aun así, le doy al hotel un "normal", porque han sido dos estancias completamente diferentes :)
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