Llegamos al hotel y nos recibieron en recepción muy amablemente, vino el botones y nos llevó las maletas a la habitación, en la tercera planta al fondo. Resulta que parte del hotel está reformada y otra parte no, y ¡qué suerte!, nos tocó una habitación en la parte que no estaba reformada, habiendo pagado más de 150€ la noche en alojamiento y desayuno. La habitación era un desastre, las paredes sucias, el baño muy antiguo y sucísimo, los armarios se caían, había muebles que no se podían ni abrir de lo viejos que estaban. En fin, nos fuimos directos a preguntar en recepción si nos podían cambiar y nos dijeron que no, que el hotel estaba lleno, cosa que dudo porque por la noche siempre había llaves colgadas (y llegábamos sobre las 2 de la madrugada).
Las camas eran cómodas pero daban a una calle en la que está la plaza de Burger King y al lado hay un bar de copas que no cerraba hasta las 3. Así que aunque queríamos dormir era imposible por el ruido. Además las ventanas también eran muy viejas y se oía absolutamente todo como si estuvieran haciendo la fiesta dentro de la habitación.
El desayuno era bastante correcto, pero el zumo malísimo, daba dolor de estómago para todo el día. Lo demás del desayuno estuvo muy bien.
Al irnos del hotel ni siquiera nos dijeron adiós. Sólo les dimos la llave, la cogieron y se pusieron a hablar con otras personas.
No lo recomiendo a nadie. Por ese precio debe haber hoteles mucho mejores.
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