El hotel está estupendo, son amables y educadísimos. Fuimos con 2 niños pequeños y nos pusieron en una habitación cuádruple, en la planta baja: ideal, pues hay bastantes escaleras que subir. A mis padres a principio los mandaron a una habitación en el último piso, pero después de explicarles las dificultades para subir tantas escaleras estrechas, nos la cambiaron sin problema alguno. El desayuno es de primerísima calidad, desde los zumos hasta la bollería, una delicia. La sala destinada al desayuno es pequeña y te sientes un poco incómodo al ver a los demás esperando su turno, así que te apresuras y te quita algo de sosiego, pero por los demás todo bien. Un aviso: nuestra habitación tenía jacuzzi, pero no tenía instrucciones y aquello funcionaba cómo y cuándo quería, así que un día nos despertamos de madrugada con un ruido espantoso y era el jacuzzi. Otra pega: teníamos una TV inmensa en la habitación pero que no funcionaba, nos quejamos por 2 veces, pero no hicieron caso, y como no teníamos mucho tiempo terminamos por dejarlo... La localización es óptima, pero está mal explicada y nos costó 4 llamadas al hotel para poder encontrarlo, y eso que está a un paso de la estación de trenes y de autobuses. La fachada necesita un buen arreglo para estar a la altura del hotel. Pero en general nos encantó y repetiríamos sin dudarlo.
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