Es un sitio muy familiar. Habitaciones muy amplias y limpias.
El desayuno está bien, no tiene grandes lujos pero es como si desayunaras en tu casa, el capuccino que hace Franco está para perder la cabeza.
Es de destacar que hay que subir muchas escaleras, el edificio no tiene ascensor, cosa que es normal en Venecia.
De noche no se ve ni un alma en la calle pero no hay sensación de inseguridad, nosotros todas las noches volvíamos bastante tarde.
Cerca del B&B no hay mucha variedad gastronomica, un restaurante (un poco caro) y una trattoria que no recuerdo como se llama que está genial. La comida muy rica y los precios baratos a lo que es Venecia. Reconocereis el sitio porque tiene una decoración un tanto tetrica, todo relacionado con brujas.
