Estuvimos 4 noches en este acogedor hotel. No está muy cerca del centro de Florencia, pero el paseo de unos 10-15 minutos hasta el centro se hacía bastante ameno. El barrio en general es muy de pueblo, con tiendecitas pequeñas, una trattoría enfrente donde sirven unas lasañas y pizzas espectaculares, es lo que probamos, supongo que el resto estará todo igual de bueno. Unos cuantos barecillos y algún pub donde vimos bastante ambiente de gente joven. La recepcionista que nos atendió a nuestra llegada, Rosaria, fue muy agradable y amable. Nos explicó todo en un italiano fácil y lento para que nos pudiéramos enterar bien puesto que ella no hablaba español y nosotros no dominábamos mucho el italiano. La habitación muy acogedora, con decoración clásica y elegante, paredes empapeladas y suelo de parquet, con espacio suficiente para dejar maletas, un armario grande y cómodo, un par de mesillas de noche, tv pantalla plana, escritorio, minibar. El baño amplio y muy limpio siempre. Los ascensores en general un poco pequeños, tuvimos un par de veces que salir de uno de ellos por miedo a quedarnos atrapados, puesto que no respondían a los botones que pulsábamos, no se cerraba bien la puerta. El desayuno impresionante, los camareros muy educados, amables y serviciales. Se puede desayunar en el restaurante o fuera en una pequeña terraza que tienen al aire libre. Te preparan el café como lo quieras, de máquina en el bar que está al lado, nosotros tomamos siempre capuccino porque el primer día nos lo pusieron y estaba tan bueno que repetimos siempre y siempre estaba especial. La única pega es que no te dejan tostar los panecillos pequeños, solamente rebanadas de pan de molde, pero bueno, nos apañamos muy bien, porque el pan de los desayunos estaba siempre muy tierno. En el buffet del desayuno hay de todo lo que se puede pedir para desayunar; fruta, fiambre, queso, bizcocho, galletas, mermelada, mantequilla, huevos revueltos, salchichas, bacon, yogurts, zumos... Y todo muy bueno. Destacar sobre todo el buen trato y la limpieza en cualquier rincón. Lo recomiendo totalmente y si volviera a Florencia, que me encantaría, volvería a este hotel. Florencia merece pasear por sus calles tranquilamente, comer en sus trattorías y osterías, admirar todo el arte que hay metido en cada museo, plaza, iglesia y disfrutar de cada rincón.
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