Siempre había crído que Ritz era sinónimo de elegancia, poderío y demás, pero este hotel, es un pequeño establecimiento, que ha sido adaptado sobre una construcción auntigüa, y de ello da fé las instalaciones, sobre todo las coducciones eléctricas y los cuartos de baño, más propio de los Alcántara de Cuéntame, que de un Hotel Ritz.
La úinica comida es el desayuno, no muy variado, y ponen en medio unos espejos para que en la foto salga el doble de grande, pero el restaurante es muy pequeño.
Situado de escándalo, pero, ¡ cuidado!. Llegamos en coche de alquiler, y nos llegaron luego a casa dos multas de la policía de Florencia. El tema es que el Hotel está en una zona de circulación restringida, endonde nadie te pregunta adonde vas, y te multan por circular por allí, y la otra... ¡ por aparcar en la puerta del Hotel, esperando que se llevara la " machinna", el seños del garage ( situado en la calle de atrás, carísimo, en realidad, no es un garage, sino un local antigüo), por supuesto, cobrando por anticipado toda la estancia, en cash, al no admitis tarjetas de crédito.
Por lo demás, el personal es amable, pero escaso, puesto que el de recepción, es el mismo que eventualmente cte sirve las copas en el minibar.
De todos modos, es barato, y la situación, preciosa y a un paso a pié de todo el centro.
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