Hospedarse en el Royal Vitoria es como viajar en el tiempo. Es un viejo palazzo que conserva los suelos de origen, las enormes puertas, los techos altos y los ventanales. Merece la pena bajar andando por las escaleras y perderse en cada planta del hotel para descubrir los cuadros, pianos, espejos, lámparas, taquillones y demás muebles sacados de anticuario. Las habitaciones son grandes y muy sobrias. El baño (al menos el de nuestra habitación) era pequeño, con ducha y bidé, pero sin secador.
Les haría falta una renovación de colchones y edredones, los primeros porque ya no son cómodos y los segundos porque aunque esten limpios, se ven viejos.
Las habitaciones no estan insonorizadas y por la noche se escucha todo: tanto del propio hotel (puertas que se abren y cierran, son puertas antiguas y hacen mucho ruido) como de fuera (hay un bar en la esquina del hotel y sus clientes salen a beber junto al río). Nuestra habitación estaba en el interior del edificio y aún así nos despertamos varias veces debido al "botellón" que estaban haciendo).
El hotel se encuentra situado frente al río, y a tan solo 10 minutos paseando de la torre inclinada y a 10 minutos de la estación de tren.
Desayuno muy completo.
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- Hotel Royal Victoria Pisa
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