El hotel Moderne es la imagen típica de un hostal "quiero y no puedo" de España de los años cuarenta... Hacía tiempo (y vamos mucho a todo tipo de alojamientos) que no veía algo tan anticuado.
Las habitaciones dan horror nada más entrar, o ganas de reir y no parar, según el estado en el que llegues y los días que vayas a pasar aquí, los muebles son viejos, viejos, viejísimos, la colcha de la cama es de película, no sueñes con el edredón de pluma de cualquier hotel Suizo... una manta marrón, vieja, desvahída y acorchada es lo que tendrás (y otra en el armario por si tienes frío), el armario es increíble, forrado con esos plásticos de colores tipo hules... El baño... imposible definirlo, estrechísimo, la bañera casi pega con el lavabo, con los azulejos más antiguos, feos y ultracoloridos que puedas imaginar, y todo, como lo demás, super viejo.
La limpieza eso si, no es mala, se ve limpio, y siendo suelo de moqueta en estas circustancias, se agradece.
La calefacción buena, es un radiador, antiguo, por supuesto, de los de hierro, con los tubos por fuera que tienes que abrir tu mismo al llegar.
La situación del hotel es excelente para viajeros de paso, justo un par de calles más abajo de la salida de la estación, y haciendo esquina con una de las calles más vivas y con tiendas y zonas interesantes, que se continua con el puente que atraviesa el lago y va al otro lado de la ciudad.
Internet gratuito, y va bien desde las habitaciones, un punto muy a favor (para entretenerte y no pensar donde estas)
Pero aún todo eso, no merece la pena... por este mismo precio estuvimos al venir en otro hotel, justo al lado, y le da mil cien vueltas a este, cuyo comentario seria "deprimente, decrépito y bastante agobiante".
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