La ubicación en la ciudad es magnífica, con transporte público muy cerca, a la vez que cerca del mercado de las flores, de la Plaza de Rembrand, del Puente Azul y el Margaret, multitud de lugares para comer o cenar en el entorno, para copas también. En definitiva, magnífica ubicación.
El personal muy atento y amable, algunos hablan castellano.
La habitación que nos correspondió era de las más grandes y con vistas al canal, esto se paga a aparte pero merece la pena. La cama con dureza correcta, menú de almohadas, albornoz, plancha y tabla, tv (ningún canal en español, eso es una pega), dvd, minibar gratuito (incluido alcohol), y fruta. El cuarto de baño bien, la ducha estupenda y se convierte en sauna. Bien climatizada e insonorizada. En la zona del ascensor hay máquina para limpiar zapatos y dispensador de hielo.
En el desayuno puedes encontra lo que quieras, muy surtido y rico y como el hotel es pequeñito no hay agobios. También hay prensa diaria para ver mientras desayunas, en el caso de la española estaba Él País.
En la recepción hay bar libre todo el día, y a lo largo de la jornada van cambiando artículos para picar: bollería, bombones, nachos, aceitunas, frutos secos... y por la noche hay también vino. Dispone de dos ordenadores con impresora y acceso gratuito a internet.
Lo dicho, no es barato pero tienes la sensación de que merece la pena lo que has pagado por el servicio que se recibe. Lo recomiendo sin dudarlo y volvería al mismo.
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