Me decidí por este hotel principalmente por las buenas críticas, y tengo que decir que no me he llevado ninguna sorpresa. El hotel está en frente de la casa de Anne Frank, a un paseo de la plaza Dam, pegado a uno de los canales y muy cerca de la estación central. La gente de recepción es encantadora, hacen todo lo posible por ayudarte. Te facilitan mapas de la ciudad, te suben las maletas a la habitación (algo muy bueno teniendo en cuenta que tiene unas escaleras muy empinadas) El desayuno no es muy abundante pero suficiente (varios tipos de pan y bollos, zumo y café) La habitación (una doble, la 203) es cierto que es pequeña, pero muy coqueta, con un balcón que daba a la calle principal (lo reservé así a través de su propia página y con un descuento al pagar a la llegada en metálico). Tiene una nevera vacía para que puedas meter lo que quieras. Si tengo que poner una pega, diría que el baño es lo peor. Es minúsculo, casi tienes que hacer contorsionismo para poder secarte cuando sales de la ducha, y el grifo de la ducha funciona mal, tiene poca agua y muy dispersa, por lo que se desparrama por todo el baño, pero casi no te moja a ti. Sin embargo y para ser honesta, en la habitación de la gente con la que iba (una con dos camas 201), la ducha funcionaba perfectamente. Supongo que solo tuve mala suerte.
En líneas generales, diré que teniendo en cuenta los precios de los hoteles en Amsterdam que son desorbitados, pagué un precio razonable para la calidad del hotel.
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