La primera impresión al llegar es que se trata de un restaurante chino. Muy viejo y mal cuidado. El personal de la recepción, más bien poco agradable. Pero lo peor de todo, con diferencia, las habitaciones.
Para empezar, no tiene nada que ver con las fotografías que cuelgan en la web. Son diminutas, viejas, y huelen mal. El baño horroroso y pequeño. La pica arrovellada, el flexo de la ducha roto, con lo cual el agua se iba en todas direcciones. Para entrar en la bañera casi se necesita una escalera. El parquet de la habitación estaba completamente rajado y te hundías al caminar. La cama pequeña y muy incómoda. Y para rematar, el sevicio de habitaciones y limpieza brilla por su ausencia. No hacen las camas, si no que colocan la colcha sin estirar las sábanas. Al baño ni entran. Teniendo en cuenta todo esto, el precio me pareció desmesurado para lo desagradables que son las instalaciones.
Lo único positivo del hotel es su ubicación: muy cerca de la estación de tren, del centro y de un supermercado. Pero en Amsterdam, la mayoría de hoteles reunen este requisito.
Sinceramente, ¡¡¡mejor buscar otro hotel!!!
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