Es un hotel con habitación pequeña pero cómoda. El personal es amable y servicial, te ofrecen toda la información que necesites y si no lo saben te lo buscan. Si quieres, te reservan entradas para ir a ver los principales museos. Wifi gratis en la habitación. Por la noche se oyen mucho las pisadas de los otros clientes, tanto en la escalera como en la habitación de encima, ya que el suelo es de madera. Es muy céntrico y cerca hay muchas pizzerias para cenar (aunque ojo, todo a cinco euros, incluso la botella de agua).
Una misma persona ejerce de recepcionista y sirve las mesas del desayuno, a la vez que la recepción también es sala de desayunos, por lo que es demasiado pequeña, con pocas mesas. El desayuno empieza a servirse demasiado tarde, a las 8:15, lo que hace que todos los clientes vayan a esa hora y en un momento se llenen las mesas, si vas un poco tarde, ya te tienes que esperar.
Sobre lo que se habla del gato, sólo lo vimos por la tarde, por la mañana, a la hora del desayuno, no estba.
La estancia se paga al hacer el check in y se tienen que dejar 20 euros de fianza por el mando de la televisión y las llaves de la puerta de entrada.
La estancia es un poco cara, en comparación con los hoteles holandeses, pero no si lo comparamos con los de Amsterdam.
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