Al llegar nos preguntaron si íbamos a pagar ya y si en efectivo o en tarjeta. Nos advirtieron que si pagábamos con tarjeta nos incrementaban un 5% el precio, cosa que no venía indicada en la reserva. Dijimos que pagaríamos en efectivo cuando nos marcháramos.
El hotel se situa en una zona de bares y está mal aislado, por lo que dormir es bastante complicado. A parte de la música que retumba dentro de la habitación, se oyen perfectamente las conversaciones de los viandantes.
Cuando llegamos, la habitación olía a cloaca. Este olor procedía del baño y por este motivo, junto al interruptor de la luz del mismo hay un cartel que dice que no se apague la luz, ya que al apagarla se apaga también el extractor de olores. Dicho extractor tiene que estar en constante funcionamiento porque sino el olor es insoportable, con el inconveniente de que el zumbido es constante en la habitación.
La cama era demasiado blanda y las sábanas daban cierto repelús porque estaban bastante usadas, lo que da un aspecto de dejadez y poca limpieza. La sábana bajera se salía enseguida porque era pequeña y acabas durmiendo sobre el colchón, con la consiguiente grima.
El cristal de la ventana estaba rajado. Las cortinas opacas no corrían bien por el riel y resultaba imposible cerrarlas para que no entrara luz.
El austero mobiliario estaba muy envejecido: un armario de chapa con dos perchas y una balda (la ropa la dejamos en la maleta), dos sillones con la tapicería pelada y una mesa con quemaduras de cigarillo. El suelo de sintasol lleno de agujeros.
La iluminación tanto del baño como de la habitación es muy pobre.
El toallero del baño, que se limitaba a una barra, se caía al intentar dejar una toalla sobre él.
Inicialmente nos dejaron tres toallas, dos de manos y una de ducha. Reclamamos otra de ducha y nos dejaron otra de manos. El resto de los días nos dejaban dos de ducha, que no sabíamos donde colgar porque no hay donde. Las toallas limpias pero muy usadas.
El embellecedor de uno de los mandos del grifo de la ducha se caía al tocarlo. El sumidero de la ducha no estaba al ras del suelo sino hundido.
El desayuno, de continental nada. La margarina caducada y la mantequilla a punto de hacerlo. El café malo, malo, malo.
Las fotos del hotel no se corresponden con la realidad, se ha utilizado algún programa de retoque porque he reconocido la habitación en la que estuvimos pero las paredes y la vista de la ventana no se corresponden.
Para colmo, otro huésped tuvo a bien orinar delante de nuestra puerta, puesto que venía tan borracho que no fue capaz de atinar con la cerradura de su puerta hasta haberse aliviado. De esto no tiene culpa el hotel, pero da la idea de la clientela que uno puede encontrarse: incautos como nosotros que creímos lo que vimos en su página web y en la de booking.com y gente busca un lugar donde dormir la mona después de correrse la juerga en los bares de abajo.
En definitiva, no se lo recomiendo a nadie. He estado en pensiones mucho más limpias y mejor aisladas del exterior.
- Hotel Thorbecke
- Hotel Thorbecke Amsterdam
- Thorbecke Hotel Amsterdam
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