Bonito y acogedor hotel.
Las habitaciones amplias y decentemente amuebladas, aunque no demasiado nuevas. Los baños necesitan una reforma.
El desayuno es normalito. La comida que sirven en la 'braserie' no está mal, está bien para salir del paso pero no iría expresamente a cenar allí.
Acaban de abrir el Bistro que ha estado cerrado un año. No tuve oportunidad de cenar allí, pero es un lugar interesante. Moderno de decoración aunque con personalidad. Lo peor la música ñoña de los 50-60 que no le pega nada al lugar.
El personal es muy amable, es lo mejor del hotel sin duda.
Lo recomiendo.
