El hotel está a unos pasos de la Estación Central, por lo que se puede llegar desde el aeropuerto en tren (buenísima opción), también se puede viajar a Brujas, Gante, etc.
Junto a la Grand Place, a las galerías Saint-Hubert, junto a otra galería comercial que se llama Ágora, muy cerquita de la catedral, etc. Es un edificio muy bonito, con un hall muy agradable, personal muy competente y atento, acceso a internet en el hall en PCs del propio hotel (no probé a conectarme con mi PC), x-box a disposición de los clientes. El desayuno era muy completo y el restaurante muy agradable.
En cuanto a la limpieza, a nosotros nos pareció que estaba todo muy limpio.
Lo único que me decepcionó un poco fue la habitación. No sé si por la iluminación, las paredes o qué, pero la sensación no era de mucho encanto. Igualmente quizás leí críticas de que la cama era supercómoda, y era normalita, pero descansamos bien. Por cierto, no oimos ningún ruido y además dispone de una puerta adicional que te aisla del pasillo, lo cual es de agradecer.
Por último, dejamos las maletas en la consigna del hotel, muy bien organizado, solo accedía el personal del hotel a la sala y es gratis.
En frente del hotel hay muchos restaurantes y cafeterías, abiertos hasta tarde (12 de la noche por lo menos) uno de ellos justo en frente, de patatas fritas típicas de Bélgica, que recomiendo probar. Por unos 2-3 euros te comes un cucurucho de patatas que hacen honor a la fama que tienen.
Hice la reserva por internet, en la página web de la cadena y a mi vuelta me mandaron un cuestionario de calidad. Creo que es buena política.
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