El pasado 17 de agosto se produjo un incidente totalmente desagradable e impensable en el hotel NH Atlanta de Bruselas.
Mi esposa llevaba consigo un plato con 6 mini-croissants a nuestra mesa donde ya se encontraban otros dos platos con un poco de embutido y dos mini-caracolas, al objeto de disponer de toda la comida ya en la mesa sin necesidad de levantarse, cuando fue recriminada de manera grosera por parte de uno de los camareros de la sala (Abdel I). Éste, en francés, se dirigió a ella, que sólo habla castellano, de modo que al no ser comprendido elevó cada vez más su tono de voz y gesticuló de manera más agresiva, llegando a acercar de manera amenazante su cara a menos de 20cm de la de ella.
Desde el otro extremo de sala yo contemplo la escena y me acerco a saber qué ocurre. Soy reprendido por la cantidad de comida que llevaba mi esposa en el plato, indicando que no se trataba de un picnic y que nuestro propósito era sacar comida en el bolso de ella. (Si bien no considero necesario justificar este bolso, he de indicar que a la salida del desayuno cogíamos un tren para visitar Brujas). Dado el cariz que tomaba la situación, con el camarero sin dejar de hacer reproches, recriminaciones y apercibimientos, decidimos callar y sentarnos para no protagonizar un incidente en mitad del comedor.
Antes de abandonar la sala le solicito su nombre, lo cual me proporciona de manera altanera y arrogante, siguiéndonos por toda la sala hasta la salida.
El grado de tensión generado por esta situación deriva en la pérdida de apetito y supone la vuelta la habitación, donde mi esposa termina por llorar al sentirse humillada por este camarero.
Ya a la vuelta de Brujas, solicito una hoja de reclamaciones en recepción, proporcionándome un papel en blanco con membrete. Al día siguiente entrego dicha reclamación en recepción, explicando con todo lujo de detalles la situación vivida. No es admisible que en un desayuno buffet veamos cercenados nuestro derecho a poder comer lo que gustemos, además de padecer este trato.
La recepcionista manifiesta su pesar y pide disculpas, indicando que gestionará la queja convenientemente, para lo cual solicita mis datos de contacto.
A día de hoy, 31 de agosto, no hemos vuelto a tener más noticias de este hotel, por lo que hemos decidido ponernos en contacto con usted.
Violencia verbal, un trato vejatorio, despectivo e insolente, junto con la mentira, no son las características de un profesional de la hostelería, y menos en un hotel de la categoría de la cadena NH.
Después de más de 20 años viajando, tanto profesional como de ocio, ha sido la primera vez que sufrimos una experiencia de este tipo. Jamás, nunca jamás, hubiéramos esperado este trato.
El comportamiento de esta persona, digno de un matón de calle, ha de ser censurado por todos los medios. Por nuestra parte utilizaremos todos los mecanismos a nuestro alcance para dar a conocer este hecho, a la espera que desde su empresa tomen las pertinentes medidas.
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