Empiezo por "lo malo" (aunque pa mí "lo malo, malo" es no poder volver, de momento): el spa (15 euros) es normalito, nada pretencioso, aunque realizan variedad de terapias (de pago) a elegir. El desayuno buffet no es muy variado en cantidad, aunque es de calidad. Si vienes vía Portimao (autovía de la costa) es muy fácil llegar (todo señalizado), pero por el interior de Portugal (Norte ó Este), no se les olvide el GPS, ni la paciencia, porque sin tener pérdida, en todo momento parece lo contrario (preguntar en Turismo al llegar a Monchique, previa foto en el curioso Molino de Agua) , porque viniendo de Lisboa, al único habitante que vimos fue a un perro que estaba en el desvío de la nacional, al atravesar un paso a nivel. Sólo dijo guau, y en portugués cerrado, y ahí se acabó la conversación. Aquí termina "lo malo", que pa ser malo, suena a light, a zero pelotero, rozando lo cursi (casi parece bueno).
Y ahora empieza lo bueno (-ísimo): el paraje es idílico, no sólo por su frondoso y verde entorno, y no sólo por su infinita quietud (Diario de un Marchoso Converso), y no sólo por sus acogedoras y cuidadas instalaciones, y no sólo por la delicada amabilidad en el trato siquiera. Y no sólo por el "proxy": la virtual cercanía de las hermosas playas y de la recurrible ciudad, o de la tentación de rascarse la barbilla en el Cabo San Vicente, y no sólo porque parece que el Tiempo es a la vez tan eterno (y tan efímero al recordarlo), que todo parece soñado. No sólo eso, sino porque aquello a lo que da fama a las Caldas (Termas), el AGUA, es el mismo Aceite de la Vida (les recomiendo sr@s que se laven el cabello en su habitación sólo, y Síiiii, repito Mayestáticamente, SÓOOLO CON AGUA, sin el champú del hotel, que, por cierto (junto al gel), son buenísimos (a la maleta, ya!). Y por si fuera poco, para finalizar mi piropo monchiqueño, que parece, joder (que tienen que hacerlo, lo de joder digo, como tributo a tanto follaje), que nací en estos lares, si tiene usted la suerte, privilegio, o sibarítico gusto de almorzar o cenar (con velas) en el “Restaurante 1692”, disfrutará de una más que correcta gastronomía, degustará los magníficos tintos secos portugueses (recomiendo "María Mansa 2002". Un 10 RCP, y ¡sólo 10 euros aprox.!), y, qué más se puede pedir Oh, Pisha Mía!!! (que es como decir excomulgadamente, en Cádiz, Oh, Dios Mío!), si está sonando ahora mismo por los altavoces del “1692” "La llegada de la Reina de Saba" de G.F. Händel…, y ahora las Sonatas para piano de W.A. Mozart, .... mientras se yanta, se degusta, se bi- locua, se ama ……..
Si el Cielo no es así, llegada la hora, le pido a San Pedro que me exilie en Caldas de Monchique con Mi Amor, Aurora. Feliz viaje donde quiera que vayan. Un beso a tod@s.
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