Mi amiga y yo llevábamos meses planeando una escapada a la playa, para relajarnos. Estuvimos buscando entre varios hoteles, y según todas las críticas este parecía que iba a cumplir nuestras expectativas. Pero no fue así.
Nuestra llegada fue muy fácil. El hotel está al lado de la playa de Mareta, y la primera impresión es buena, aunque parece un hotel surgido de la nada cuya arquitectura no se integra del todo en el paisaje. No tiene párquing, pero se aparca sin dificultad en la calle.
Tiene una decoración minimalista, en blanco y azul, bastante agradable.
Hicimos en check-in y al subir a la habitación vino la primera impresión: "¿De verdad hemos pagado 110 euros/noche por esta habitación minúscula? Si por lo menos quedasen habitaciones con vistas al mar... "
Al deshacer la maleta, surge el primer escollo: el tamaño del armario y la escasez de perchas. Tuvimos que hacer un tetris para poder acomodarlo todo, y aún así las maletas estaban en medio quitando el poco espacio que había.
El baño, no tenía ventanas, con sólo un punto de luz que nos dejaba en penumbra y un ruido bastante molesto (del viento). Sólo había un frasquito de champú, 1 de gel de baño (que olía a gel para hombres) y una pastillita de jabón. Cuando poníamos la alcachofa de la ducha en el soporte de la pared, nos quedábamos sin agua porque el tubo era corto y se acodaba. Fuimos a protestar, y lo único que nos encontramos al día siguiente fue el baño sucio, lleno de pisadas, con el mismo problema (que conseguimos medio solucionar colocando el tubo de una manera determinada para tener algo de presión).
Para dormir, la cama es cómoda aunque algo dura para mi gusto . Como tengo un sueño bastante profundo, no podría decir si se oia algo de la calle o no.
Para el desayuno, hay un buen surtido de frutas (kiwi, manzana, plátano, melocotón, piña, melón...), embutidos de buena calidad (jamón, queso, salchichón, chorizo) y 3 tipos de cereales. Brillaban por su ausencia los platos calientes (bacon, huevos...). La bollería industrial (croissant, suizos y un bollito de coco) estaban especialmente malos, ¡y mira que es difícil que un croissant esté malo! Sosos y secos. Visto esto, no llegué a probar el pan. Luego había un bizcocho de un sabor que no he sabido determinar, que era de lo mejor, muy esponjoso y sabroso. El café era de máquina, y aunque no era el café de mi vida, no tengo quejas al respecto (los cafés de los hoteles suelen ser horrendos, y en este yo llegué a repetir...). También había variedad de infusiones. Sólo había un camarero que estaba de vez en cuando reponiendo, pero en ningún momento nos quitaron los platos sucios de la mesa mientras desayunábamos.
En cuanto a la recepción, el personal es muy amable (a pesar de que no fueron capaces de solucionar el problema de la ducha), pero no siempre está presente (cuando se supone que debería estar allí 24 horas). En una ocasión vimos un cartel para disculpar la ausencia de recepcionista...
Hay Wi-Fi gratuito en recepción. Te dan una clave personal válida para 1 hora.
Es un hotel bastante mono, muy bien ubicado, pero que falla estrepitosamente en los pequeños detalles. No volvería a pagar tanto por la estancia.
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