Encontramos este hotel por casualidad, cuando estábamos a punto de ir al pueblo siguiente, porque no habíamos encontrado un sitio en el que alojarnos. Era puente en España y mucha gente había cruzado la frontera para quedarse un par de días. Afortunadamente, tenían una habitación, probablemente, porque queríamos una habitación para no fumadores. El personal era amable y la habitación estaba muy limpia.
La única desventaja era que había que andar un poco hasta el centro del pueblo (teníamos coche, pero, al haber encontrado un sitio donde aparcar justo delante, ¡no lo íbamos a dejar!). Comimos en el restaurante que hay al lado, que estaba muy bien.
El desayuno se incluye en el precio de la habitación. Quedamos totalmente encantados con el hotel y con Aveiro. Aseguraos de hacer uno de los paseos que duran una hora por los canales en los viejos barcos de sal (y comprar la sal especial, flor de
Sal, por la que es famosa la zona).
- Hotel Alfonso v Aveiro