El año pasado descubrimos este bonito hotel, y hemos querido llevar a unos familiares para comprobar que les sorprendía tanto como a nosotros. Ha sido así. El trato humano excelente, a pesar de llegar el domingo por la noche un poco tarde, han hecho lo imposible por prepararnos una frugal pero magífica cena. Las habitaciones muy grandes , limpias y silenciosas, hemos dormido de maravilla. Su ubicación perfecta para conocer el precioso monasterio que casi se puede tocar con la mano. Sin duda repetiremos cuando tengamos ocasión. Portugal nos sigue sorprendiendo por su trato amable, su magnífica gastronomía y su extenso Patrimonio sin explotar.
