Hotel moderno, con decoración agradable. Situación estupenda en pleno centro de Cascais. Habitaciones normales con decoración más bien austera pero correcta, y baño completo. El personal muy agradable. El desayuno muy bien, café, leche, yogures, macedonia, zumo de naranja, mantequilla, mermeladas varias, miel, fiambre, queso, bollos de pan, tostadas, cereales de varios tipos y muesli; el fin de semana croasanes. Y reponiendo todo el tiempo. Un ordenador en recepción a disposición de los clientes. El garaje un poco estrecha la entrada y en curva, complicado para entrar pero se sale sin problemas; las plazas amplias. Las únicas pegas: la cama, nada cómoda, no tienen somier tienen una especie de tablón de aglomerado (no sé si será cosa del hotel o de la zona en general) y el ruido, las puertas hacen mucho ruido porque cierran de golpe, y hay un bar enfrente que a veces tenía algo de ruido, pero nada grave.
Eso sí, cuidado con las habitaciones, el hotel está en una calle en cuesta y las habitaciones de la planta baja están como en un semisótano, y las de la primera planta en la parte alta de la calle quedan como en un entresuelo.
Tiene terraza panorámica en el ático. No dormí muy cómoda pero la relación calidad-precio está muy bien.
Volveré.
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