El hotel está situado a unos diez minutos andando de la explanada del Santuario de Fátima, al lado de la rotonda norte, fácil de llegar desde la salida de la autopista. Todo el personal del hotel es particularmente amable y profesional. Nos alojamos en el ala nueva del establecimiento, y las habitaciones son impecables en cuanto a amplitud y limpieza, muy bien insonorizadas. El cuarto de baño era especialmente bueno. La única crítica que se me ocurre es que las camas se nota que son de buena calidad, aunque más bien duras, pero es un defecto generalizado en los hoteles en toda Europa. A ver cuando empieza la transición al viscoelástico y somieres flexibles (a los que la experiencia indica que no ponen pegas los que "prefieren dormir en camas duras").
La piscina, jacuzzi y gimnasio del spa están muy bien y son de libre acceso para los clientes. Los dos primeros días la disfrutamos prácticamente solos, mientras que el fin de semana había más clientes, pero aun así, se podía uno relajar un rato.
El buffet de desayuno era bueno y variado. Yo destacaría las pastas, sobre todo unas tartaletas de elaboración propia que causaban furor entre los integrantes del viaje. El restaurante estaba bastante bien, desde luego más caro que cualquier otro que pudiera haber en Fátima, pero sin posible comparación en cuanto al comedor en sí y el tipo de servicio. Las raciones eran abundantes (como en todo Portugal). Visto que aparentemente una mayoría de los turistas eran españoles, yo creo que no estaría de más el traducir la carta y los platos del día al español, a pesar de que los camareros y el maitre hacían esfuerzos por explicar los ingredientes al comensal.
En resumen, un hotel totalmente recomendable para visitar Fátima y alrededores (Batalha, Tomar, Alcobaça...), con un precio ajustado para la calidad del servicio que ofrece.
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