Ni por fuera ni por dentro parece un Hotel.
Por fuera porque tiene una estética fría y amorfa y por dentro porque
tienes la sensación de entrar en una galería de arte, con cuadros vanguardistas y esculturas sorprendentes.
Sillones confortables frente a una chimenea y libros de arte y arquitectura en las mesas, le dan un aspecto realmente acogedor a ese espacio.
Las habitaciones, sin ser excesivamente grandes, tienen un diseño sobresaliente y cuentan con la mejor tecnología que uno pueda imaginar.
Incluso tienen un sistema de altavoces para el i-pod!!!
la bañera, incorporada a la habitación tiene una grifería fantástica y todo es confortable en ese espacio.
Sólo un pero: no se te ocurra utilizar los productos que están en el baño, como extras, porque lo pagarás caro.
En definitiva, es un hotel tranquilo, céntrico, cómodo y bonito.
Recomendable al 101 por cien.
- 101 Hotel Reykjavík
