Es que no lo entiendo. Después de leer todas las estupendas críticas me preguntaba si estaba en el hotel adecuado o bien en la versión pobre del mismo.
¡No vayas si tienes menos de 50 años! Reservamos habitación aquí después de que nos dijeran que algunas instalaciones del Fortina se habían retirado, de modo que nos lo pensamos y decidimos cambiar de hotel: ¡Craso error! Algunas zonas tienen buen aspecto y la limpieza estaba bastante bien. Pedimos una habitación mejor inmediatamente porque la nuestra no tenía balcón. En Thomas Cook nos comentaron que en el Fortina sí teníamos balcón reservado. Así que ya empezamos mal. Preguntamos si sería posible que nos dieran una habitación mejor sin recargo en algún momento de la primera o de la segunda semana. Nos comentaron que en principio no se podía realizar el cambio, pero que fuéramos en cualquier caso a ver la habitación y regresáramos. La habitación era muy oscura, estaba destartalada y olía fatal. Regresé inmediatamente a la recepción pero me dijeron que definitivamente lo de la mejora no era posible. ¡Más tarde supimos que otras personas sí pudieron obtener una habitación mejor a pesar de llegar más tarde que nosotros! Casi a diario nos dirigíamos al mostrador de recepción porque teníamos algún problema: la cisterna del retrete no funcionaba, por ejemplo. Y eso que estábamos en la planta 12. A ellos parecía que les hacía gracia. Las camas eran muy poco cómodas. Aunque estábamos casados, las camareras de habitación siempre apartaban las camas y las separaban. El aire acondicionado no funcionaba la mitad de las veces. Y no solo en la habitación, en todas partes.
La comida era de tipo bufé, poco imaginativa. Los menús situados en el exterior no solían parecerse en nada a lo que se servía. Normalmente me tomaba una sopa y un postre (helado). La única comida decente era el desayuno. Casi cada día la máquina de zumos y de agua se estropeaba, las tostadoras desaparecían o se ubicaban en otro lado, las tostadoras acababan en llamas, tenías que buscar tú mismo los cubiertos y platos... Las mesas de dos solían estar en mal estado, el aire acondicionado goteaba justo al lado de la comida, las toallas estaban en el suelo... Muy de cuatro estrellas, vaya.
La gente que iba con "todo incluido" se acababa pasando la mitad de las vacaciones haciendo cola. Si ibas a comer al café de la torre tenías que unirte a una cola para pedir, luego a otra para que te sirvieran las bebidas -y que no te atrevieras a pedir una baguette o un bocadillo con pan tostado, ¡porque acababas en otra cola!-.
Un punto positivo era la estupenda habitación con vistas al cielo, pero claro, solo había un camarero, mucha gente esperando para beber algo... Colas y más colas para asegurarte de que aprovechabas bien lo de "todo incluido". Por cierto, pasadas las 23. 30 tenías ya que pagarlo tú todo.
El entretenimiento nocturno era nefasto, siempre hacían lo mismo, cada semana. Insoportable si pasas dos semanas. Le dimos una oportunidad a la discoteca. Te lo resumo en pocas palabras: Era una sala de baile para jubilados. ¡Todo estaba pensado para la gente mayor! ¡Qué frustración!
Fuimos al balneario, estuvo bien, hasta que la última noche, para la que había reservado una sesión de tres horas de cuidados, solo duró dos porque el masajista rechazó darme el masaje completo de aromaterapia porque yo tenía artritis en el tobillo. Pero bien que me dio el masaje envolvente, que también incluía a mi tobillo... Pagué 114€ y solo me devolvió 10€ y una cita para que me dieran un masaje de cuello y hombros, que duró la mitad y me costó 23€ más. Sentí que había tirado el dinero al intentar disfrutar de un rato agradable. Así que no vayas si tienes cualquier problema de salud.
Malta es genial, no el hotel, que definitivamente de cuatro estrellas no tiene nada. Thomas Cook necesita hacer algo al respecto, ¡también debe colocar a algún representante más entusiasta!