El hotel es viejo, laberíntico y en general muy cutre, pero las vistas al Grand Harbour son de las mejores. Si tu habitación no tiene vistas, podrás disfrutar de la panorámica desde la sala en el que sirven el desayuno (escaso y repetitivo), pero es aconsejable pagar el recargo por vistas al mar. El personal es amable, aunque en recepción, la mayoría de las veces no hay nadie. Las habitaciones son muy básicas y tampoco se caracterizan por su limpieza. La situación del hotel es buena, en el centro de Valletta, a unos 5 min. andando de la estación de autobuses, desde la que se puede llegar a cualquier parte de la isla.
