Mi novio y yo pasamos tres noches aquí en enero y lo pasamos de maravilla. Reservé habitación por internet, desde París; lo había encontrado en TripAdvisor, pero después fui directamente a la página del hotel para ver si podía encontrar mejor precio que en los enlaces de TripAdvisor. Y encontré una oferta ligeramente mejor. Llegamos en tren, ya de noche, y nos subimos a un taxi para llegar al hotel. Nos costó 12 €. Cuando vimos el exterior, se nos cayó el alma a los pies: parecía, por lo que podíamos ver, un lugar desmadejado y sin forma, ubicado en una esquina nada bonita. Sin embargo, cuando entramos, nuestra actitud cambió y nos encantó (perdón si esta palabra os parece cursi). La zona del mostrador estaba muy bien dispuesta, el salón era sensacional,todo estaba tapizado en cuero y terciopelo, había un bonito hogar con el fuego crepitante, libros, cortinas de brocado, cuencos con galletitas y demás. El diseño de la habitación (nos alojamos en una Queen sencilla) sin duda se había realizado muy concienzudamente y de modo profesional: los tejidos eran preciosos, había muchísimo espacio, el cuarto de baño estaba revestido en mármol y tenía accesorios de la casa Molton Brown, además de toallas recias y de una agradabilísima bañera bastante profunda. Nos encantó la habitación y también el casco viejo de Luxemburgo; a tan solo diez minutos a pie. Hay muchos restaurantes en la zona, muy pintorescos. Las tiendas son normalitas, pero la gente es muy agradable. Suelen dirigirse a ti en francés primero (en las tiendas) y después en inglés. Cada noche, después de cenar, nos íbamos al salón, donde te traían cualquier cosa que quisieras de beber. Los empleados eran majos pero educados; también había trabajadores muy agradables y cercanos, cosa que parece un tanto inusual. El periodo navideño es un momento muy agradable para estar en Luxemburgo, ya que todo tiene un toque muy festivo y adorable. Es maravilloso refugiarse en este hotel. La panadería de enfrente es sensacional. ¡Las pastelerías luxemburguesas son una delicia!