El Bristol esta muy bien ubicado, en la intersección de Karntner Strasse y el Ring, a un paseo de las principales atracciones de la ciudad y junto a la parada del metro o del tranvía. El interior del edificio es un museo de diseño en "arte noveau"... no utilices el ascensor, baja por las magnificas escaleras. Nuestra habitación era pequeña pero amueblada con un gusto impecable. El restaurante Korso del hotel es de primera clase, con énfasis en la tradición austriaca y la cafetería Sirk ofrece el mejor desayuno de la ciudad para los poco madrugadores. El personal era amable. No había nada barato pero el Bristol es una forma excelente de explorar Viena. Muy recomendado para los que pueden pagarlo, además aplican unos buenos descuentos a las tarifas.
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- Hotel Bristol Viena
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