Es un hotel precioso, lleno de encanto. Muy bien situado en el centro de Viena, en la zona de los museos. Se trata de un lugar peculiar, no un hotel al uso, las habitaciones son muy diferentes dependiendo de la planta en la que te alojes. Personalmente, prefiero las habitaciones modernas de la planta M, pero a pesar de que las de la planta tercera son de un estilo clásico, están igualmente reformadas. Desconozco como son las de los pisos 1 y 2. La limpieza es excepcional. Un detalle que me ha encantado es que los botes de champú, gel y jabón de manos son de L´occitane.... un detalle que va en consonancia con un hotel como el Altstadt, desde luego.
El personal no puede ser más amable, trantando de hablar en nuestro idioma siempre que fuera posible y de solucionar cualquier mínimo problema con una sonrisa en todo momento.
Los saloncitos donde se sirve el desayuno son muy bonitos, decorados con mucho estilo, cada uno de forma diferente, y muy acogedores (en uno hay un piano, una chimenea.....). Te puedes sentar donde mas te apetezca. Es un buffet nada tradicional.... es muy agadable. Además si estás allí por la tarde sirven cafe o te con algun dulce (creo, porque yo no estuve ningun dia) incluido en el precio de la habitacion.
Como detalle especial, decir que el dia 16 por la mañana dejabamos el hotel, y ese dia es mi cumpleaños. Pues bien, cuando llegamos a la habitacion el dia 15 por la noche habian dejado encima de la mesa una nota de felicitacion y una tarta de parte del hotel.... desde luego eso no me habia pasado jamás en nigun otro sitio donde me haya alojado, y es algo que no voy a olvidar, que ilusion y que detalle!
En definitiva, tanto mis compañeras como yo, nos hemos sentido como en casa, y repetiremos sin duda en este hotel.
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